Declaración Personal

Soy una mujer venezolana que llegó a los Estados Unidos por la vía legal. No fue fácil. No fue rápido. Tampoco fue barato. Mi proceso migratorio tomó años, requirió sacrificios reales y mucha paciencia. En el año 2021 finalmente obtuve mi estatus legal, y puedo decir sin dudas que todo el esfuerzo valió la pena.

Elegí hacer las cosas bien porque respeto este país. Respeto sus leyes, su gente y las oportunidades que ofrece. Por eso me duele profundamente ver cómo hoy se normaliza que personas entren ilegalmente, saltándose procesos que a muchos inmigrantes legales nos costaron tiempo, dinero y estabilidad emocional. No es justo, y tampoco es correcto.

Soy una inmigrante legal, hoy ciudadana orgullosa, y me niego a que me metan en el mismo saco que criminales o personas que violan la ley. Esa narrativa, promovida por muchos sectores del Partido Demócrata, es ofensiva y peligrosa. Nos borra como individuos responsables y nos reduce a una etiqueta que no nos representa.

Escapé de Venezuela porque se volvió un país extremadamente peligroso para personas como yo. Viví en carne propia lo que sucede cuando el crimen, la corrupción y el autoritarismo se normalizan y terminan destruyendo una nación desde adentro. Justamente por eso hoy veo con mucha preocupación cómo el Partido Demócrata y muchos de sus seguidores están empujando a Estados Unidos hacia el mismo tipo de políticas y mentalidades de las que yo tuve que escapar. Nadie que haya vivido ese colapso quiere ver a este país recorrer ese mismo camino.

Aunque recientemente han ocurrido hechos que hacen pensar que el futuro de Venezuela podría empezar a mejorar, el daño fue real y profundo, y aún queda mucho por reconstruir. Mi historia, como la de millones de venezolanos, es una advertencia clara de lo que pasa cuando se pierde el respeto por la ley y se justifica el desorden.

Apoyo al presidente Trump porque veo en él a alguien que ama este país, que lo defiende sin complejos y que entiende que sin ley y orden no hay libertad real. Su postura firme contra el crimen y la inmigración ilegal no es crueldad; es responsabilidad. Es exactamente el tipo de liderazgo que evita que Estados Unidos termine como los países de los que muchos tuvimos que huir.

Mis valores son claros: trabajo duro, respeto por la ley, responsabilidad personal y amor por este país que me abrió las puertas cuando hice las cosas de la manera correcta. No hablo desde la teoría, hablo desde la experiencia. Y no pienso quedarme callada cuando se distorsiona la realidad de los inmigrantes legales como yo.

Esta es mi voz, mi historia y mi postura. Y no me avergüenzo de ninguna de ellas.